miércoles, 15 de julio de 2009

Yo quiero mi pedazo


"Seis pulgadas hacia delante y cinco hacia atrás. Tengo una pulgada rabiosa"" grita Angry Inch, canción del musical de 1998 que en este abril se estrenó en Buenos Aires en The Roxy Live Bar y que da pié a esta nota para tirar algunas líneas, menos críticas que enamoradas, en homenaje a Hedwig And The Angry Inch, la película.
Hedwig nace Hansel el mismo año que se levanta el muro de Berlín y se queda del lado Este. Hansel sueña con Bowie, Iggy Pop y Lou reed. Hansel baila espástico la letra de Freaks que escucha en las falsas radios norteamericanas. Hansel conoce a un policía con la sonrisa más americana posible y le deja un camino de Yummy ositos para asegurar el reencuentro. Hansel vislumbra la posibilidad de casarse e irse a EE.UU. Hansel se hace una operación de sexo y le queda una pulgada rabiosa de carne.
Hedwig recorre distintos bares de Norteamerica con un público que lo único que quiere es comer su rost beef. Hedwig, igual, rockea el salón hasta convertirlo en ring de box. Hedwig sufre desengaños amorosos. Hedwig tiene una pulgada rabiosa y 10.000 kilómetros de amor y cine.
John Cameron Mitchell dirige y protagoniza uno de los mejores musicales modernos existentes y cuenta una historia (y la Historia) durísima de la forma más enérgica posible, de la forma más feliz. John Cameron Mitchell construye, con canciones explosivas creadas por Stephen Trask y animaciones bellísimas a cargo de Emily Hubley, una película que recorre la vida de un personaje inolvidable: Hedwig, un transformer que en vez de convertirse en coche, se transforma en radio y, con fuerza de estribillo glam, es capaz de tirar a guitarrazos cualquier muro que le pongan en el camino.

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