miércoles, 30 de junio de 2010
El país de ahora o nunca
La ópera prima de Marco Berger comienza con una premisa y con un ritmo de comedia romántica de enredos: chico recién separado de chica, y obsesionado con ella, persigue a nuevo novio de chica e intenta seducirlo para lograr que la flamante relación sea destruida desde adentro y chica vuelva a sus manos. Y, como en toda comedia de enredos, las cosas no salen según lo esperado y Bruno (dejemos eso de chicos como la película irá dejando el género de la comedia) empezará a enamorarse de Pablo, el nuevo novio de Laura. Así, lo que era un plan b termina convirtiéndose en un plan c y Plan B termina haciendo acto la promesa de las bromantic comedies (subgénero cómico que juega con la amistad entre hombres y con la sugerencia de algo más).
Seguro que la película de Berger es sobre el conocimiento de la propia sexualidad y de cómo se afronta ese proceso. Pero es también una película sobre más cosas y sobre más cosas que afrontar. Es, más que nada una película sobre la identidad; sobre la búsqueda de ella, la huida de ella y su consolidación. Y así tendrán que confrontarse los personajes más que nada con su deseo de quedarse en la niñez y con tener que crecer, con todo a la vez, con la cabeza a punto de explotar, cómo dice Bruno en un momento.
Leí en algún lado una crítica que decía que uno de los problemas que tenía la película era que no desarrollaba de qué vivían los personajes, si trabajaban o no, o si estudiaban. Un aspecto problemático de esa crítica es que plantea que todo debe ser explicado por igual en un film; de esa forma podríamos pedirle a Berger que cuente cómo es el clima en que habitan los personajes, quienes son sus familiares, bajo que presidencia están y así sin fin. Otro, y el más grave, es que no se da cuenta de lo deliberado del asunto. A medida que avanza el metraje, Bruno y Pablo hablan todo el tiempo de la infancia, de que si pudieran ser juguetes cuál serían, de cómo cuando un amigo se quedaba a dormir se prolongaban las charlas en la oscuridad, de Peter Pan y de que esa idea del País de Nunca Jamás, donde siempre se es niño, era una mentira.
Y de poder entender que la niñez no era una mentira sino que terminó, dependen los personajes, y no sólo su capacidad para asumir su sexualidad en general, y sus sentimientos con la relación que contruyen entre los dos en particular, sino mucho más: de eso depende el hacerse hombres, el pararse en el mundo por decisión propia, el hacerse adultos. Y ya sabemos que el trabajo se encuentra en el área de los adultos, por eso Berger lo saca de la puesta en escena.
De esta búsqueda de la identidad se desprende lo mejor y lo peor de Plan B: lo mejor por hacer más grande una película de lo que aparenta a base de ideas, y por las decisiones que toma para desarrollarlas, y lo peor, también, por ciertas decisiones que toma para desarrollarlas. Una muy buena es, por ejemplo, que el personaje de Pablo no reconozca a Bruno aunque lo haya visto en una foto. Otra, en el comienzo, que con sólo un movimiento de cámara cambie el clima y pase de la inocencia de la niñez a lo seco de la adultez, sin subrayar nada. Pero por el otro lado están algunos diálogos que sobreexplican (como el anteriormente mencionado de Peter Pan y el País de Nunca Jamás) y, sobre todo, la decisión de vestir a Bruno con una camiseta de Argentina del 78, que se ve varias veces, y que hace un juego con la búsqueda de la identidad sexual y de la de los hijos de desaparecidos que suena impuesto, políticamente correcto, estéril y, más que nada, busca cierta profundidad política que no le hace falta a la película porque ya se encuentra ahí, mucho más sugerida e inteligente.
Sin embargo, y a pesar de estos aspectos y de que la película pierda un poco el ritmo al final alargándose innecesariamente, Marco Berger, con un buen guión y con unos actores impecables, Manuel Vignau y Lucas Ferraro, logra llenar de verdad y ternura a su primera película y sacarnos la promesa de que estaremos atentos cuándo salga la segunda. Un buen Plan A.
jueves, 17 de junio de 2010
Golea Argentina y se estrena ¿la mejor película del año? Puede ser, lo seguro es que hoy se estrena Toy Story 3 y, si no es la mejor, en el travesaño queda marcada.
A las dos partes anteriores de la saga se les suma la tercera que parece confirmar que cada vez que Pixar hace algo, lo hace mejor. Esta vez, con la dirección de Lee Unkrich, se cuenta cómo Andy, ya crecido y por irse a la universidad, regala sus juguetes. Así, Woody, Buzz y compañía terminan en una guardería, conocen nuevos juguetes y lo demás es puro cine subido a una montaña rusa. Todo está bien: las citas, los chistes, los nuevos personajes (¡uy, ese mono tremendo!).
Independientemente de a quién le toque la dirección, Pixar sostiene la bandera del trabajo colectivo y no se cansa de afirmar que es la mejor productora de todas; el mejor cine de la década pasada y de ésta que comienza pasó por ellos y siempre, con la técnica justa para la narración justa, apuestan a lo mismo: el amor. Sí, tíldenme de naif, pero cuando finaliza Toy Story 3 sabemos que lo que importa es estar acompañados y, aunque tengamos que dejar que se vaya aquel al que queremos, siempre tendrá que quedarnos alguien. Porque para eso está la vida, la de los humanos y la de los juguetes. Y ese “mensaje” lo entiende desde el cuarentón que extraña sus muñecos hasta el nene que no puede leer los subtítulos.
Independientemente de a quién le toque la dirección, Pixar sostiene la bandera del trabajo colectivo y no se cansa de afirmar que es la mejor productora de todas; el mejor cine de la década pasada y de ésta que comienza pasó por ellos y siempre, con la técnica justa para la narración justa, apuestan a lo mismo: el amor. Sí, tíldenme de naif, pero cuando finaliza Toy Story 3 sabemos que lo que importa es estar acompañados y, aunque tengamos que dejar que se vaya aquel al que queremos, siempre tendrá que quedarnos alguien. Porque para eso está la vida, la de los humanos y la de los juguetes. Y ese “mensaje” lo entiende desde el cuarentón que extraña sus muñecos hasta el nene que no puede leer los subtítulos.
jueves, 10 de junio de 2010
Horas Desesperadas
Desde hace unas semanas que la cartelera está muy empobrecida, con súper héroes nacionalistas, mujeres adictas al bótox y al shopping, producciones hollywoodenses en piloto automático y un cine europeo que de gritar “¡profundo!” se atraganta y tose “¡banal!”. Como una real heroína del cine nacional Anahí Berneri pela capa y súper poder y nos rescata de las garras maléficas de los villanos con su última película.
Por tu Culpa es el tercer largometraje de esta cineasta después de Un Año Sin Amor y Encarnación que, como ésta, tenía un papel femenino magistralmente construido, interpretado por Silvia Pérez. Y Por tu Culpa es también la confirmación de Berneri como una gran directora. Y una respuesta escupida a los que creen que la mujer es eso que se retrata en Sex and the City 2, o la comedia, o el cine, o…pongan lo que quieran porque no se puede encontrar nada de verdad en ese esperpento. Por tu Culpa es cine antes que nada. Y es verdadero.
Y lo verdadero está, también, en hacer real lo fantástico. Una madre (muy bien actuada por Érica Rivas) atareada de trabajo está, a la vez, cuidando a sus hijos que juegan como unos salvajes hasta que se produce un accidente. A partir de ahí, la madre se ve acusada por maltrato y todo lo que está registrado de una manera totalmente realista parece convertirse en pesadilla hasta terminar con una estructura casi de episodio de La Dimensión Desconocida. Y, para atajarme un poco, no es que formalmente tenga relaciones directas, pero si las tiene sensorialmente, con la serie de televisión. Hay algo de sueño en Por tu Culpa, del sueño del cansancio, del anestésico hospitalario y, más que nada, de un sueño que no puede ser real, del cual Érica Rivas transmite todo el tiempo la sensación de no estar creyéndolo pero inmovilizada frente a la pesadilla, con la necesidad urgente de despertar .
La forma en la que Berneri aborda este mini cuento (coescrito con Sergio Wolf) es estando ahí, con planos cerrados, cámara en mano, y fascinándose con los objetos, con los sonidos, con los pasillos de los hospitales. Es reconocible cierta tendencia del cine argentino independiente en sus procedimientos pero, sin embargo, las referencias que más aparecen vienen de otros lares. La primera excelente secuencia hace acordar a las primeras películas de Spielberg por esa capacidad para mostrar la acción de varios personajes a la vez, sobre todo niños, y por los dibujos animados, la T.V. omnipresente, y por generar esa sensación de realismo tan bien lograda. Spielberg es uno de los directores que mejor puede hacer real lo fantástico. También Por tu Culpa es una one-night movie, que centra toda la acción en una sola noche, no como Supercool, no como Rebeldes y Confundidos, pero sí muy conectada con Después de Hora de Martin Scorsese donde el protagonista se quedaba a hacer horas extras en la oficina y terminaba viviendo una noche de aventuras nocturnas endiabladas. Y hay ecos de Los Guerreros de Walter Hill, película nocturna de pandillas, de una en particular que es acusada de un asesinato que no cometió, que tendrá que probar su inocencia y, más que nada, su valor, su temple, su capacidad guerrera, su capacidad de crecer.
El mayor mérito de Berneri es instalar la atmósfera de cuento fantástico en una historia cotidiana filmada con realismo, sin necesidad de maquillaje ni efectos .Y poniendo todo patas para arriba. De lo cotidiano a lo doméstico, de lo doméstico a su peligro, de la tragedia a lo fantástico, del sueño a la pesadilla, de la pesadilla al despertar dormido, y del sonambulismo vuelta a dormir.
Esa sensación de mal sueño del que hay que despertar se evidencia en el último plano donde se la ve a Rivas tirada en la cama al amanecer, pero no se está despertando, se está yendo a dormir. La historia sin fin de la noche dada vuelta.
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