lunes, 1 de noviembre de 2010

El otro día nos preguntábamos con un amigo qué hubiera sido del mundo si los rusos ganaban. Bueno, acá una posible respuesta.



The Ben Stiller Show (1991)

viernes, 29 de octubre de 2010

Impriman la leyenda


Diez años atrás, también dentro del marco de un festival,Yo La Tengo brindó un recital que los que lo vivieron lo recuerdan como mítico. Con un puñado más de discos en su haber, y presentando el más nuevo de todos, Popular Songs, el regreso del trío de Nueva Jersey -Ira Kaplan (guitarra y voz), Georgia Hubley (batería y voz) y  James Mc New (bajo, teclados y voz)-  a Buenos Aires, el 14 y 15 de Octubre, también quedará en la retina melómana de los fans de lo más refinado del rock noventero.
La posibilidad de que se dieran dos fechas generó una fidelidad histórica del grupo hacia su público. Es que Yo La Tengo es una banda elástica que viaja del noise a la canción pop perfecta, pasando por toda una variedad de estaciones musicales.
Así, el jueves, mostraron la faceta más enchufada de su repertorio. La guitarra de Kaplan siempre se mantuvo al frente del batallón eléctrico de canciones que combinaban el ruido más indomable (Drug Test, Cherry Chapstick) con la precisión  de la melodía directa al corazón (Something to do), para dejar al público con los ojos rojos, de viaje y emoción, gracias a esa gema que es I Heard You Looking.
La segunda y última fecha fue un recorrido por todos sus discos, canciones ajenas, añejas, y emociones y sonidos de todo tipo y color. Ya con el inicio guitarrero de  Little Honda de los Beach Boys, el baile funk lisérgico de Periodically Double or Triple, y las melodías pegadizas de Stockholm Syndrome, el público estaba avisado de que cualquier cosa podía seguir. Y así fue. Después de un largo viaje reposado por canciones como I Feel Like Going Home o Madelin, con la veta más Velvet Undergound en la voz de Georgia Hubley, llegaron Nothing to Hide y la prometida Sugarcube para regalar la felicidad poguera. El final, después de dos bises que incluyeron covers como esa preciosa versión de Somebody´s Baby de Jackson Browne, y la capella  de You Can Have It All, llegó con Big Day Coming en versión acústica, para desmitificar que hace falta terminar los shows bien arriba para emocionar.
Tal vez sea porque Ira Kaplan fue crítico de rock que Yo La Tengo conoce tan bien la historia de la música y la refleja y retuerce en su propia discografía y recitales. Puede que por eso sea uno de los grupos favoritos de la crítica. Lo cierto es que Yo La Tengo ya tiene su propia historia, y es una de las leyendas más vivas del rock pasado, presente y futuro. Las dos fechas en La Trastienda no dejan lugar a duda.



jueves, 30 de septiembre de 2010

El Amor en Fuga


En el número pasado, en una nota sobre la homofobia, Héctor Formaiano utilizaba de ejemplo a Una Pareja Despareja y contaba la ridícula censura que ésta película sufre en EEUU, dónde no se pudo estrenar comercialmente por mostrar a Jim Carrey interpretando a un homosexual.  Pero la ridiculez y la censura no son sólo americanas. Hace un par de años, cuando se estrenó La Mujer de mis Pesadillas en Argentina, en una escena en la que se tendría que haber visto la pija de un burro, apareció una cinta negra para cubrir el enorme miembro animal. Como era “una comedia tonta con Ben Stiller” y no trataba sobre el holocausto, nadie le dio mucha importancia y se dejó pasar un acto de censura escandaloso. Jim Carrey actuó con estos directores en su mejor trabajo: Irene y Yo y mi Otro Yo, otra película-pesadilla para la miopía bien pensante. Es que no hay peor censura que la auto o la que es impuesta por los pares (es decir, gente sin poder). Si Una Pareja Despareja hiere a la moral norteamericana, no es tanto por Jim Carrey haciendo de gay, sino porque apila todo el estilo de vida norteamericano para hacerlo volar por los aires. Y eso mismo es lo que hacen todas esas comedias americanas como las mencionadas anteriormente (ver también cualquier película dirigida por Ben Stiller o Adam Mc Kay por mencionar casi al azar). Para darse cuenta hay que pensar las películas después de verlas y no antes. Pero bueno, quienes no se quieran divertir, se quedarán con la ñata frente al vidrio, para ellos siempre esmerilado.
Como las distribuidoras también piensan que los que ven películas con Jim Carrey son medio tontos, le ponen un título re-tonto para su estreno en Argentina: Una Pareja Despareja. Pero el título original es I Love You Phillip Morris, que en su traducción al español quiere decir Yo Amo a Phillip Morris. Y en ese yo amo está toda la esencia de la película. Steven Russell (Jim Carrey) es antes que nada una buena persona. Después de que el amor le fue negado por sus padres biológicos, y de afrontar a esa familia, él decide que será la mejor persona posible. Entonces se hace policía (ecos de Irene Y Yo Y Mi Otro Yo), canta en un coro y se vuelve padre y marido ejemplar. Hasta que después de una experiencia que lo deja al borde de la muerte, decide que no hará nunca más nada que no tenga ganas, y así es que vemos, en un excelente travelling, cómo Steven Russell le da masa a un bigotudo, y ahí se acuerda: “Ah sí, soy gay”.
La homosexualidad en Una Pareja Despareja no es tan importante como lo aparenta, es simplemente algo más de lo que se da cuenta Steven Russell que no quiere dejar de ser. También le sucede en el plano económico, cuando cae que en este mundo es mucho más fácil ser feliz con dinero pero no trabajando, y se convierte en un estafador. Pero él lo aclara, “nunca le hice mal a nadie”. Y así es, porque, como un Robin Hood individualista, Russel le roba a grandes corporaciones que no sufren la falta de unas monedas que para los demás pueden valer mucho más. Aunque no es tan individualista este Hood, ya que con los suyos, su ex mujer, sus hijos, su ex novio, comparte todo.  Y ni hablar de Phillip Morris (Ewan Mc Gregor), a quién al final de la película Russell le dice que, bien o mal, todo lo hizo por él. El personaje que interpreta Jim Carrey hace todo por amor y en todos deja su huella, y la intensidad a la que llegan estos dos personajes ya dejó algunas escenas en la historia del suspiro cinematográfico.
Pero para poder alcanzar algo de verdad, reconocerse a sí mismo, e impartir amor a sus superamigos,  Steven Russell tiene que pasar primero por todas las farsas: de hacer la vida más correcta posible, como policía y cantante de un coro (esa imagen de lo que es una buena persona que Russel sabrá rápidamente una mentira), a gerente de un banco, estafador, maestro del disfraz y genio del escapismo. Además de ser bueno, Russell es inteligente, y alguna idea de que los estúpidos son peores que los hijos de puta, existe en esta película también.
Pero si hay algo que Una Pareja Despareja tiene de acertado e inteligente es que ella se sabe Russell y lo acompaña durante todo su proceso. Por eso es difícil clasificar esta película: a veces es una comedia negra, otras una romántica, un melodrama, espionaje, o un homenaje a Atrápame si Puedes de Spielberg. Una Pareja Despareja es, antes que nada, una película libre, en fuga. Es esa libertad que requiere ya Russel el verdadero, en quién está basada esta película que también es un biopic. Así que ya saben los serios, no es una película tonta con Jim Carrey, o al menos no sólo es eso. Es una sorpresa, es una de las muy buenas películas del año.

jueves, 22 de julio de 2010

Encuentros Cercanos



Un McGuffin es una excusa argumental para desplegar un universo visual, una serie de situaciones que serán el verdadero motivo de por qué la película que vemos es esa y no otra, y su característica principal es que da lo mismo cuál sea ya que el McGuffin es totalmente intercambiable. Hitchcok decía que “en historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos”. Bueno, en Encuentro Explosivo es una batería que todos codician, desde los traficantes de armas colombianos hasta la C.I.A., pero el que la tiene es Tom Cruise (y no digo el nombre de su personaje porque no importa, porque es una película sobre Tom Cruise). Bien, hasta aquí el mcguffin ¿Cuál es el “verdadero” asunto de Encuentro Explosivo? Como ya dijimos, Tom Cruise, y también Camerón Díaz y también el cine, que esta película sabe que es El Cine.
Como Planet Terror pero del lado A de la cinta (la cinta blanca, se podría decir), Encuentro Explosivo no le teme a esas frases de la crítica dormida como "cinefilia muerta". Y yo pienso que ese es un mal de muchas películas cancheras, pero no se utilizan las citas críticas de una forma tan mortuoria como lo hace algún cine. Frente a tanta explosión primero hay que saber disfrutar y, después, andar con pensamiento.
Sí, el homenaje es mucho en Encuentro Explosivo y la película "no trata de nada", pero la mayor cita está más viva que nunca: Tom Cruise y Cameron Díaz. No hay actores que representen tan bien a Hollywood como estos dos; en el caso de Cameron Díaz, tal vez por descarte, aunque sea una gran actriz, pero en el de Cruise porque ha llenado, como nadie desde su irrupción en los ochenta, el cuadro (siempre sin límites) del imaginario cinéfilo. Tom Cruise es el Cary Grant de nuestros tiempos y es la cédula de identidad que pelaría el cine como así lo fue y lo será por siempre John Wayne. Que el tío Tom haya actuado en tantas obras maestras tampoco es una casualidad.
El lado A de la cinta es ese que se viste de etiqueta y que no queda ridículo ni aburrido, que se puede tirar abajo de una roca gigante pero nunca perder el sombrero. Encuentro Explosivo homenajea al cine clásico de Hollywood y al de super acción, a la buena educación, pero sin nostalgia, a pura felicidad. ¿Cuál es el conflicto? Ninguno, claro está, porque no lo necesitamos y porque, de haberlo, claro que confiamos en que un tipo como Tom Cruise lo va a solucionar. Y lo sabemos porque lo conocemos. Encuentro Explosivo es también una historia de encuentros cercanos.
Hay dos secuencias-espejo en la película. En la primera Cruise droga a Díaz por su bien, para que sea más dócil y fácil de trasladar; en la segunda Díaz hace lo mismo con Cruise. Ambas están filmadas como subjetivas de los personajes anestesiados y todo se ve en un fundido a negro fluido, como en un sueño. Esta es una de las mejores y más claras definiciones de lo que siempre fue y será (no por su presente ni por su futuro, sino por su inmortalidad) Hollywood: una fábrica de sueños. Esas imágenes muestran lanchas, tiros, autos convertibles, arrojos en paracaídas e islas. Todas esas imágenes están asociadas a Hollywood y SON el Cine. Tom Cruise y Cameron Díaz, también.

sábado, 17 de julio de 2010

Chau Harvey Pekar

Hay gente que está muy pendiente de las noticias y otra, medio extraña para mi gusto, que se sabe todos los obituarios. Yo no, pero de esto me enteré.

martes, 6 de julio de 2010

Mirá la Música 6

Se vienen los Pixies!!!



Zack and Miri Make a Porno (2008) de Kevin Smith

miércoles, 30 de junio de 2010

El país de ahora o nunca


La ópera prima de Marco Berger comienza con una premisa y con un ritmo de comedia romántica de enredos: chico recién separado de chica, y obsesionado con ella, persigue a nuevo novio de chica e intenta seducirlo para lograr que la flamante relación sea destruida desde adentro y chica vuelva a sus manos. Y, como en toda comedia de enredos, las cosas no salen según lo esperado y Bruno (dejemos eso de chicos como la película irá dejando el género de la comedia) empezará a enamorarse de Pablo, el nuevo novio de Laura. Así, lo que era un plan b termina convirtiéndose en un plan c y Plan B termina haciendo acto la promesa de las bromantic comedies (subgénero cómico que juega con la amistad entre hombres y con la sugerencia de algo más).


Seguro que la película de Berger es sobre el conocimiento de la propia sexualidad y de cómo se afronta ese proceso. Pero es también una película sobre más cosas y sobre más cosas que afrontar. Es, más que nada una película sobre la identidad; sobre la búsqueda de ella, la huida de ella y su consolidación. Y así tendrán que confrontarse los personajes más que nada con su deseo de quedarse en la niñez y con tener que crecer, con todo a la vez, con la cabeza a punto de explotar, cómo dice Bruno en un momento.

Leí en algún lado una crítica que decía que uno de los problemas que tenía la película era que no desarrollaba de qué vivían los personajes, si trabajaban o no, o si estudiaban. Un aspecto problemático de esa crítica es que plantea que todo debe ser explicado por igual en un film; de esa forma podríamos pedirle a Berger que cuente cómo es el clima en que habitan los personajes, quienes son sus familiares, bajo que presidencia están y así sin fin. Otro, y el más grave, es que no se da cuenta de lo deliberado del asunto. A medida que avanza el metraje, Bruno y Pablo hablan todo el tiempo de la infancia, de que si pudieran ser juguetes cuál serían, de cómo cuando un amigo se quedaba a dormir se prolongaban las charlas en la oscuridad, de Peter Pan y de que esa idea del País de Nunca Jamás, donde siempre se es niño, era una mentira.
Y de poder entender que la niñez no era una mentira sino que terminó, dependen los personajes, y no sólo su capacidad para asumir su sexualidad en general, y sus sentimientos con la relación que contruyen entre los dos en particular, sino mucho más: de eso depende el hacerse hombres, el pararse en el mundo por decisión propia, el hacerse adultos. Y ya sabemos que el trabajo se encuentra en el área de los adultos, por eso Berger lo saca de la puesta en escena.

De esta búsqueda de la identidad se desprende lo mejor y lo peor de Plan B: lo mejor por hacer más grande una película de lo que aparenta a base de ideas, y por las decisiones que toma para desarrollarlas, y lo peor, también, por ciertas decisiones que toma para desarrollarlas. Una muy buena es, por ejemplo, que el personaje de Pablo no reconozca a Bruno aunque lo haya visto en una foto. Otra, en el comienzo, que con sólo un movimiento de cámara cambie el clima y pase de la inocencia de la niñez a lo seco de la adultez, sin subrayar nada. Pero por el otro lado están algunos diálogos que sobreexplican (como el anteriormente mencionado de Peter Pan y el País de Nunca Jamás) y, sobre todo, la decisión de vestir a Bruno con una camiseta de Argentina del 78, que se ve varias veces, y que hace un juego con la búsqueda de la identidad sexual y de la de los hijos de desaparecidos que suena impuesto, políticamente correcto, estéril y, más que nada, busca cierta profundidad política que no le hace falta a la película porque ya se encuentra ahí, mucho más sugerida e inteligente.

Sin embargo, y a pesar de estos aspectos y de que la película pierda un poco el ritmo al final alargándose innecesariamente, Marco Berger, con un buen guión y con unos actores impecables, Manuel Vignau y Lucas Ferraro, logra llenar de verdad y ternura a su primera película y sacarnos la promesa de que estaremos atentos cuándo salga la segunda. Un buen Plan A.