
Cuando uno termina de ver JCVD no sabe muy bien qué es lo que vio. Y cuando se quiere escribir sobre ella, bueno, la cosa se pone más complicada. Lo que vemos al principio es una escena en plano secuencia con Jean Claude repartiendo para todos lados (piñas, patadas, un cine de acción que hace mucho que no se ve) que es casi perfecta y no lo es del todo por una decisión de la película. O sea, es perfecta. De dicha secuencia, de esa sobreexposición de Van Damme sin cortes y sin que este esté casi en ningún momento fuera del plano, se pasará a otra donde veremos a Van Damme haciendo de Van Damme en el mundo real, pero la acción, que antes era rodaje, ahora saldrá a la calle y esta vez se nos ocultará al actor la mayor parte de esta segunda secuencia ¿Hombre de cámara? ¿Actor de raza? ¿De cine? Lo que sea resulta inteligente, enigmático, grande, ambicioso, moderno. Y después, cuando ya nos metemos en una historia de robo a un banco, la película nos asaltará a mano armada y nos interpelará directamente con un rarísimo monólogo de Jean Claude. Ya no sabemos que es lo que estamos viendo, ya no sabemos muy bien cual es el límite de los géneros, qué es ficción, qué realidad. La película termina, también, donde no tendría que terminar y de esta forma convierte en chiste el drama. Una idea interesante: pregunta sobre la respetabilidad desde y hacia el cine. Ya sabemos que las películas de Van Damme nunca fueron respetadas y cuando esta se vuelve una seria, francesa, con este actor que no debería estar acá, se convierte en risa. Un gesto por demás, otra vez, inteligente. JCVD se pregunta siempre sin sentenciar nunca y a la vez se pregunta sobre la sentencia. Sobre el cine que sentencia pero más sobre el espectador sentencioso. Una película enigmática y curiosa (curiosa para nosotros, curiosa ella), una película que utiliza los bisceps y no duda en dar trompadas que mareen y que, como buen cine moderno que es, no se olvida nunca de ser inteligente y reflexiva, como el Dojo, ese arte marcial que practica Van Damme y que también se basa en el respeto, algo que JCVD reclama en nombre de todo ese cine que ya está cansado de pedirle permiso al espectador y a la crítica prejuiciosos, a los que responden antes de preguntar.
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