
Definir la función del crítico no es una empresa sencilla ni tampoco es algo de lo que nos encargaremos acá (bueno, puede ser, espero, pero no en esta nota). A lo que me dedicaré hoy es a tratar un tema que el lugar común suele creer que es la tarea del crítico de cine. Para lo anterior hay muchas cosas para leer, recomiendo antes que ninguna El crítico artista de Oscar Wilde, un libro de tal claridad y tan moderno que define la crítica de cine antes de que el cine mismo existiera. Pero bueno, como decía, el tema es otro.
La mayoría de la gente suele creer que nuestra tarea es la de recomendar películas. Es cierto que algunos lo hacen y también es cierto que a muchos de esos no se los debería llamar críticos (cómo se los debería llamar, también, puede ser charla de otro encuentro). Los medios masivos recomiendan o no (venden o no) los estrenos y no necesariamente todos. Por supuesto que no todos los críticos que escriben en estos espacios son mercenarios, hay muchos muy buenos y que además publican en otros lados; algunos con mayor libertad. Y también es cierto que algunos de estos a veces defienden películas que solo nos gustan a nosotros (seamos críticos o cinéfilos). En fin, que igual no es nuestra tarea, con seguridad sí es la de la difusión (que no es lo mismo)pero no la de la “recomendación”.
¿Entonces, si esa no es la tarea, para que toma su tiempo y el mío en semejante palabrerío? estará pensando usted. Bueno, primero, porque es mi blog y si no escribo acá lo que quiero, no sé dónde, y segundo, porque a mí también me gusta que vean películas que yo recomiendo. Porque lo hago como un gesto de amor, para con el cine y para con las personas a las cuales les hago mis recomendaciones. Es una forma, además, de abrirme yo mismo, de brindar una parte de mí, ya que, como cinéfilo empedernido, siento a veces (casi siempre) que me definen más mis gustos que mis acciones (lean El crítico artista, de nuevo). Y tengo que lamentar que últimamente se me hace cada vez más difícil esta tarea ¿Por qué? Veamos.
Se dice que hay tres tipos de públicos, de consumidores culturales. El público “alto”, el “medio” y el “popular” (decir bajo quedaría mal). Las características de estos serían mas o menos así. El alto es el publico que mira los filmes de museo, los ensayísticos, los de vanguardia, los de festivales. Podría estar en una función de una de Warhol, en la sala Lugones o en el BAFICI, viendo una de Tsai Ming Liang o Raya Martin, un espectador más informado y con una información de una agenda más alternativa. La categoría “popular” es la del espectador de un cine más “fácil”, más entretenido, disfrutable, tal vez, por cualquier persona, un cine “entendible” por quien sea, aparentemente, en la vereda de enfrente del “alto”. Y el público “medio” está, eso, en el medio. Requiere de diálogos, de temáticas más importantes y no de “berretadas” para la popu, y al mismo tiempo, es un público fácilmente aburrible, que no le interesa ver un cine contemplativo o demasiado rupturista, que tome muchos riesgos.
Visto de esta forma, pareciera ser un poco arbitrario(y seguramente lo es, como cualquier definición) pero sirve para intentar visualizar un panorama, para poder pensar el momento actual del cine y el tema que nos compete: por qué es difícil recomendar para un crítico o un cinéfilo.
Lo que yo creo es que esta división es ya obsoleta al menos en parte, y esto lo lamento, sobre todo, porque la diferencia actual es que el público “popular” ya no existe. El denominado “popular” no consume “berretadas”, es un público que ve el cine de su tiempo, un cine vivo, que dialoga con el mundo y que puede ver cualquier persona, que puede disfrutar cualquiera. Películas populares como Tiburón, por decir un ejemplo, permiten que alguien que no sepa de cine pase un momento más que entretenido, tenso, conmovedor, y que piense al mundo junto con el filme. Los que tenemos más conciencia de los dispositivos cinematográficos lo disfrutamos con cada nueva visión. Pero también se podría pensar que películas como las de Francella son cine popular. En mi opinión no. El cine popular trata al espectador con respeto y como un ser inteligente, el de las franquicias Francellianas hace todo lo contrario, trata al público como estúpido, no solo que no lo respeta a él sino que no respeta siquiera a su propio trabajo, son películas en las que se nota el desgano, el desinterés por la obra y que lo único que las hace posible es la idea de que puedan recaudar dinero. En verdad, es un cine antipopular.
Entonces ¿En qué categoría entraría este producto (esto no es cine)? En el “medio”. El cine “medio” no es sólo eso, lo que va en el medio de lo culto y lo popular, como dije antes simplificando las categorías. Es el cine que guía al espectador a través de los medios (justamente) masivos de comunicación. El público medio es el que ve “lo que hay que ver”, esto puede ser tanto Bañeros 3 como los tanques americanos (que alguna vez fue Tiburón, por supuesto que hay buenas películas en este grupo, como ahora Batman por decir solo una, o sea que el cine popular y el medio a veces se juntan, sí, y también el de vanguardia), como los bodrios hijoputas de Iñárritu, como los tanques horribles a lo Harry Potter.
El público “alto” por su parte sigue existiendo y supongo que lo seguirá haciendo.
Ahora ¿Por qué es tan difícil recomendar? Porque lamentablemente la mayoría del público es del llamado “medio”, y ese cine en general es el que más me cuesta recomendar, porque no parece que tengan mucho valor, en la mayoría de los casos, ninguno. La gente que yo conozco o son cinéfilos, cosa que me facilita mucho las cosas, o son espectadores medios. Por supuesto que esto no es una apreciación personal sino cultural, pero este espectador es el que más me irrita, ya que desde su ignorante soberbia desprecia películas como Halloween por ser poco más que boludeces pero no puede entender tampoco un cine como el de Godard, al mismo tiempo que reivindican bodoques como Bailarina en la oscuridad. A mucha gente que pertenece a este grupo la aprecio y la quiero, pero recomendar... Y como dije antes, me gustaría darles algo de mí, por lo menos una película de mi videoteca.
Para no caer en el pecado de no llegar a nada, había pensado en una lista de películas que reunieran ciertos requisitos que pudiesen ser admirados por casi cualquiera y no pude hacer más que pensar en nombres de películas hiperconocidas que no tiene sentido recomendar aquí, más que nada porque ya las vio todo el mundo. Solo me quedó una, que cada vez que le digo a alguien que la vea me lo terminan agradeciendo, que no es tan conocida, incluso es de las menos de su director, el señor Roman Polanski. Su obra, Perversa Luna de Hiel, es una producción europea y trata “temas importantes”, como la infidelidad, los celos, las perversiones pero, al mismo tiempo, es una película súper disfrutable, que no se toma muy en serio y logra que su mirada sea un placer constante, absolutamente atrapante e hipnótica. Sin dudas para mí esta es una de sus películas más inspiradas y, por suerte, de las que me hacen quedar bien siempre.
Por otro lado, frente al panorama que comentaba antes, nos queda esperar (o hacer algo para) que cambie. Godard decía que los momentos de crisis eran los más interesantes, lo más propensos para esto. Por lo que se vé, ya comenzó una fuerte y no parece que vaya a mermar ahora. Tal vez sea una oportunidad, tal vez se deje de seguir al mercado para donde a sólo este le conviene, tal vez esta sea una función, un deber más importante que los críticos tenemos, de que haya un mejor cine y que se vea. Veremos que pasa. Por ahora, este año hubo muy buenos estrenos. Pero eso es parte del próximo post.
3 comentarios:
me alegro de que hayas abierto un blog. Lo voy a empezar a leer. Besos!
El ensayo de Oscar Wilde se llama El crítico como artista y no El crítico artista
Saludos, Mariel
Hay una edición, la que yo tengo, que se llama "El crítico artista". Hay otras que se llaman como vos decís. El original no lo sé la verdad. Pero como soy fiel a mis objetos, le pongo el nombre de mi libro. Besos, Mar.
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