sábado, 15 de noviembre de 2008

El resplandor


Saliendo de ver Shara sentía que tenía que ver a mis amigos, a mis familiares queridos, a las mujeres que alguna vez había amado, verlas a todas ellas, a todos, a todas las personas que habían significado algo para mí, a la gente que quería. Sentía que eso era algo para compartir, estaba contento y quería transmitir esa energía a todo el mundo.
La euforia que provoca semejante obra maestra, la dulzura y el contento, parten de una premisa argumental totalmente antagónica con dichas emociones, la desaparición incomprensible de un niño, el menor de la familia (incomprensible, por la forma en que sucede y por la idea misma de la desaparición, absolutamente inconcebible, de un ser al que se ama). La sutileza con la que Kawase filma este hecho es ejemplar, como toda la primera secuencia. A partir de aquí veremos como la familia, años después, tendrá que convivir con la falta.
Sin caer en el regodeo de la desgracia, la directora se acerca a esta familia con respeto, con pudor, porque sabe que hay cosas que no tienen seguridad, sobre las que uno no puede sentenciar, saber como se sienten las personas que sufren una perdida, porque no todas las familias funcionan igual y porque esta es una en particular, con sus reglas, y si uno la filma, lo debe hacer con pudor. El grupo familiar tendrá que atravesar un duelo que concluirá en un baile-ritual de los más hermosos, de los más extáticos que haya dado el cine, de los más conmovedores. Porque esto es cine, y tiene la capacidad de desplegar una explosión de emociones, de sentidos, varios, muchos, que están todos ahí, en la misma hermosa escena y en todo la película. Eso es fuerza cinemática. Esa escena nos une con el mundo, con todos. Con nuestros amigos, familia, con los amores que vivimos, con los vividos. Y con todo el mundo. Porque el cine es una experiencia común, universal o al menos tiene esa posibilidad, explotadísima en esta belleza estrenada en fílmico. Shara ilumina y se ilumina, porque como grita Taku en su discurso post danza, “¡Cuando uno brilla, tiene que brillar mucho!".

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