
Unos añitos después de revolucionar el género con La noche de los muertos vivos George Romero volvía con su terror político y desolador. En un pueblo rural de EEUU se desata un virus que vuelve locos de ira a sus portadores. Rápidamente se declara el estado de sitio y se produce una cazería de infectados a lo largo de todo el pueblo. Lo interesante es que la paranoia se propaga a la par del virus y uno ya no sabe si las salvajadas que uno ve son por la locura desatada por la enfermedad o por la locura a secas.
Esta noche a las 24hs la dan en el Malba y, aunque hayan bajado los casos por gripe A, no pequen de confiados y al primero que estornude le dan una buena paliza.
Y para hacer de este fin de semana tal vez tormentoso un fin de semana a todo virus, el Domingo van y se alquilan Shivers de David Cronenberg que es un peliculón. Acá también va de contagios la cosa; un bicho bien cronenbergiano transmite una enfermedad que produce un frenesí de sexo y violencia. Esa combinación filmada por Cronenberg ya nos alcanza y sobra a los espectadores viciosos. Para resaltar están la magnífica orgía en la pileta y el gran plano final.

Y como si no fuese poca la unión que tienen estas películas (trama, género, época) está Lynn Lowry, una actriz de cara rara que tanto en The Crazies como en Shivers interpreta una escena incestuosa (extraña conexión) y que, además, es igual a una vecina que recuerdo con mucho cariño y con no menos perversión.

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