martes, 17 de marzo de 2009

Continuidade de sangue

Después de más de veinte años José Mojica Marins vuelve a dirigir y lo hace, nada más y nada menos, que con su mítico personaje Ze Do Caixao, un personaje que hacía más de cuarenta años no visitaba, el que hizo popular a su director y puso en el mapa de los sustos cinematográficos a Brasil (no solo existe la, ahora cerrada, trilogía de Ze do Caixao sino, también, cómics y programas de T.V. que tuvo en su momento). Las películas de Ze son totalmente perturbadoras, su aspecto de mago oscuro y las presentaciones que hacía de sus filmes se quedan en nuestra retina, como un fantasma que se acomoda en algún rincón de una casa vieja y no se va más. Su obra, aunque muchos tengan la costumbre de incluirla dentro de un cine “bizarro” (expresión molesta si las hay), utiliza muchos recursos de cine de vanguardia y su puesta en escena se hace muy particular, dando el status de autor de terror a Marins, aunque este nunca haya tenido una formación anterior de ningún tipo respecto de lo cinematográfico. Su nueva entrega se llama Encarnaçao do Demonio y, a diferencia de varios directores del género (¿por qué será?) que filmaron antes obras maestras como Tobe Hooper (EL Loco de la Motosierra, Poltergeist) o Argento (bueno, muchas) y que hoy se encuentran frente a una cámara como Ben Stiller y Owen Wilson lo hacían frente a una computadora en Zoolander, Marins vuelve en perfecto estado.
Ze Do Caixao pasa mucho tiempo en prisión y cuando sale se encuentra con una Sao Paulo mucho más violenta de lo que era antes, con policías vengadores asesinos de niños de favelas, curas masoquistas cómplices de estos policías y un sistema que desde sus entrañas apesta gore. Por supuesto que Ze sigue con su idea de encontrar a la mujer perfecta para engendrar un hijo que dé continuidad a su sangre, lo mismo que pasaba en sus anteriores películas. Y así las buscará, matando a cualquiera que se cruce, torturándolas de las formas más imaginativas y divertidas posibles y mostrándonos (gracias, por todo) sus diabólicas carnes. La diferencia fundamental que tiene Encarnaçao do Demonio con respecto a sus predecesoras (À Meia Noite Levarei Sua Alma, O Estranho Mundo do Zé do Caixão) es el color y confieso que pensé que esto le iba a hacer bajar varios puntos en comparación, porque el blanco y negro le daba todavía un aura más aterradora a sus películas, pero Marins sabe utilizar el color a la perfección y la fotografía quemada, un poco como las de las últimas películas de Takashi Miike, que es bastante molesta a veces, en este caso queda muy bien por ese aire a tren fantasma, a feria de circo que tiene ahora y siempre la saga de Ze do Caixao. Pero además el blanco y negro volverá de la mano, primero de los flashbacks hacia sus películas anteriores y después de los fantasmas que perseguirán a Ze, los muertos que vuelven a su conciencia y a la vida real. Otra cosa que no le falta a esta película y que tiene más que en las anteriores es el humor, el cura es un claro ejemplo de esto.
Encarnaçao do Demonio con su delirio gore, su magia oscura y su desenfreno es una película de autocine, para ver a la noche (media) con amigos, nunca en silencio, gritando, festejando, tomando cerveza (o lo que quieran), sin ningún respeto por el espectador vecino, o mejor dicho, haciéndolo sentir cómodo, parte de la fiesta, de la comunión cinéfila. Estará la posibilidad de esto en la sección Nocturna del 11 BAFICI que empieza la semana que viene.

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