
Cuando terminé de ver Zack And Miri Make A Porno pensé que tenía que escribir urgente sobre esa película y después miré el reloj y me di cuenta que había tardado muchísimo en terminar de verla. No, el tiempo del metraje es estándar, apenas una hora y cuarenta. No, la película pasa como tren volador. El tema era yo. No tiene nada que ver con que me extravié en una paradoja espacio-tiempo ni nada por el estilo (el tren no era el de Volver al Futuro 3), es solo, y no tanto, que la vi en mi casa, en DVD, entonces me tomé ciertas libertades. Es que cuando me di cuenta de esto también lo hice de que una categoría más existe entre la lista de estas. Listas de listas. Las obsesiones cinéfilas.
Hay varias películas con las que me pasa que no las puedo ver. No son Babel ni Troya ni las de estos tiempos de Oscar ni nada de eso. Son muy otras. Otras de las que estoy totalmente enamorado, que no puedo resistir verlas, que necesito gritar, bailar, saltar, hablar solo, dar vueltas en círculo, cantar, besar a la pared, a la almohada, a lo que venga, jugar a que soy alguno de sus personajes, lo que sea, pero sobre todo levantarme, verlas parado. Es como si la visión de la película fuese demasiado poco, como si necesitara tocarla, o ya que me pasó por última vez con esta nueva, el mejor regreso posible de Kevin Smith, manosearla. O no sé, ver a mis amigos, estar de repente en medio de una fiesta, de un recital ¿qué sé yo?
Y ahora, que acabo de poner música, porque me percaté de que estaba escribiendo en un silencio prisionero, pienso un poco que, tal vez, estas películas son como canciones felices, o no sé si felices, en todo caso de esas tristes que provocan felicidad. Las hay. Así que supongo que habrá que bailarlas. Pelar la guitarra eléctrica.
Y si hablamos de música ¿cómo olvidarse de ese momento, si hay que pasarlo repetidas veces después de haberse levantado tanto del sillón, en el que los celos se elevan de la mano del volumen de Hey de The Pixies? Y eso, por nombrar algo distraídamente, por no contar un chiste genial que necesita sorpresa, para no pasarme de rosca. ZAMMAP es una chica a la que hay que sacar a bailar, claro, con un solo fin. La idea fija, que le dicen ¿¡Qué fija!? ¡Inquieta!
Ah sí, la lista, que no es valorativa, ni completa, ni nada, porque es una lista dispersa y atolondrada:
Cuando Harry Conoció a Sally (Rob Reiner)
Casi todas las de Linklater, sobre todo Escuela de rock, Antes del atardecer, Antes de amanecer, Rebeldes y Confundidos...
Varias de Spielberg, sobre todo La Guerra de los mundos
Embriagado de amor (Paul Thomas Anderson)
Cuenta conmigo (Rob Reiner)
Los exploradores (Joe Dante)
The Hole (Tsai Ming Liang)
Inseparablemente Juntos (los hermanos Farrelly)
Casi todas las de Nanni Moretti
Superbad (Greg Mottola)
Alta Fidelidad (Stephen Frears)
Peggy Sue Got Married (Francis Ford Coppolla)
Titanic(James Cameron)
Y muchas más que no recuerdo. Y una, también nueva, que se suma. Son of Rambow, recién editada en DVD.
Y, bueno, para terminar con cualquier tipo de idea-nota fija pero también porque se habló de música y esta semana lo merece, dejo acá un momento de puro baile encantado en honor a Lux Interior, que en movimiento y éxtasis descanse.
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